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Era sobrina de Flavio Clemente, uno de los cónsules de Roma en el siglo I.
Fue deportada a la isla de Ponza con otras personas por haber confesado a Cristo, allí sufrió un largo martirio.
De ésta patricia romana que pagó duramente su fidelidad a Cristo se sabe poco. En el siglo V una leyenda mostró unos detalles poco seguros; hablaba de dos eunucos, Nereo y Aquileo, que, cuando Domitila se preparaba para el matrimonio con Aureliano, hijo de un cónsul, le hablaron de Cristo y la belleza de la virginidad y la convencieron a renunciar al matrimonio y a cubrirse la cabeza con el cándido velo que distingue a las mujeres vírgenes. el emperador Domiciano, instigado por el novio rechazado desterró a la joven a otra isla, junto con Nereo y Aquileo. Aureliano, después de haber tratado de convencer a los dos siervos para que hicieran desistir a Flavia Domitila de su propósito, los hizo decapitar a ambos.
Una tentativa de hacer mella en el corazón de la exnovia con una noche de baile, terminó con la muerte por agotamiento del mismo Aureliano, y un hermano suyo para vengar la trágica muerte, hizo quemar la casa de Domitila, que pereció entre el fuego, víctima incontaminada de su amor por Cristo. |