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SÁBADO 1 DE OCTUBRE

SANTA TERESA DEL NIÑO JESUS (Religiosa)


Teresa del Niño Jesús y del santo Rostro (Teresa Martín nació en Alencon. Francia, en 1873 y murió en 1897) imprimió a su breve existencia una huella inigualable, la de la sonrisa, expresión de esa alegría ultraterrena, que según sus palabras, “no está en los objetos que nos rodean, sino que reside en lo más profundo del alma”. Inclinada por temperamento a una calmada y serena tristeza, Teresa, de hermosos cabellos rubios, ojos azules, líneas delicadas, alta, extraordinariamente bella, cuando escribía en su diario “oh, sí, todo me sonreirá aquí en la tierra”, estaba experimentando injusticias e incomprensiones, y ya enferma de tuberculosis, con sus fuerzas agotadas, no rehusaba ningún trabajo pesado y seguía “ofreciendo a Jesús las flores de los pequeños sacrificios”.
Todo el que haya leído las estupendas páginas de sus cuadernillos en los que iba anotando, por obediencia, sus experiencias interiores, publicadas bajo el título de Historia de un alma, sabe que estos sacrificios no eran pequeños. Teresa le dio a su vida ascética el inconfundible estilo y título de “infancia espiritual” no por una innata tendencia a poner todo en diminutos, sino por una elección muy precisa, según la invitación del Evangelio de “hacerse pequeños” como los niños. Escribe: “Yo me había ofrecido al Niño Jesús para ser su juguete y le había dicho que no se sirviese de mí como uno de sus juguetes de lujo, que los niños se contentan con mirar, sino como de un pequeño balón de poco valor, que se puede echar por el suelo, empujar con el pie, dejar abandonado, o también estrechar contra el corazón, si eso le daba gusto. En otras palabras, quería divertir al Niño Jesús y abandonarme a sus caprichos infantiles”.
El camino de la infancia espiritual es también expresión de su profunda humildad. Los nueve años que pasó en el Carmelo de Lisieux (había entrado a los quince años, después de haber ido a Roma a pedirle la autorización al Papa) los vivió tan intensamente que le ofreció al mundo católico la maravillosa imagen de una santa, aparentemente alejada del mundo en el que vivió, sin relaciones espirituales con el mundo moderno, y, sin embargo, tan sumergida en la realidad de la vida eclesial que fue declarada en 1927, dos años después de su canonización, patrona principal de las misiones, e invocada desde 1944 como patrona secundaria de Francia junto con la batalladora Juana de Arco. La joven Santa, que había mantenido la promesa de hacer caer del cielo una lluvia de rosas, sigue empapando a la Iglesia. Santa Teresita murió el 30 de septiembre.


octubre 1


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