Amigo de san Ambrosio, excelente orador, autor de discursos y tratados que revelan en él a un gran erudito y a un maestro de vida cristiana, Gaudencio, octavo obispo de Brescia, es uno de los grandes protagonistas del siglo IV. Le escribía Rufino de Aquilea: “Tú tienes un ingenio tan vivo y una gran gentileza de espíritu, que es necesario que escribas y publiques lo que vas diciendo en los coloquios comunes y normales y en la predicación de la Iglesia”. Pero Gaudencio, que había nacido en Brescia a mediados del siglo IV, era también modesto y creía que sólo podía instruir a su pueblo de viva voz. No se había soñado jamás escribir sus consideraciones sobre la Sagrada Escritura, pero un ilustre ciudadano de Brescia, Benévolo, que no podía asistir a las solemnidades pascuales del año 404 por estar enfermo, le pidió que le transmitiera por escrito los diez sermones pronunciados en esa ocasión. Los temas de sus sermones se refieren sobre todo a algunos pasajes del Antiguo y especialmente del Nuevo Testamento, con actualizaciones que revelan en él las cualidades del pastor más que las del exegeta. En un sermón sobre la Navidad se encuentra una vibrante requisitoria contra los ricos que malgastan los bienes de todos y no aceptan compartirlos con los necesitados. Puesto que transcribía sus sermones para enviarlos a un amigo que sufría, en la introducción hablaba del providencial designio divino en la prueba de la enfermedad y del dolor físico o moral. Sus sermones, copiados o difundidos, fueron utilizados por muchos otros pastores de almas. Alguien le escribió a Gaudencio para pedirle explicaciones, y así el obispo de Brescia se vio obligado a profundizar los temas y a aumentar su biblioteca. Escritor muy a pesar suyo, Gaudencio fue también obispo contra su propia inclinación, pues sabemos por testimonio de san Ambrosio que hubo que recurrir inclusive al chantaje para que aceptara suceder al obispo Filastrio, muerto en el 387. Ambrosio, que predicó durante su consagración, en el 390, lo llevó consigo a Milán para un curso de homilías a sus fieles. Gaudencio formó parte también de la delegación enviada en el 406 por el papa Inocencio I a Constantinopla a defender a Crisóstomo, desterrado por la emperatriz Eudosia. El viaje terminó en una terrible aventura, y Crisóstomo le escribió a Gaudencio para darle las gracias. Gaudencio murió hacia el año 410 una fecha fatídica para Roma. |