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VIERNES 29 DE OCTUBRE
SAN PETRONIO (Obispo)

Los boloñeses (llamados también petronianos, tanta es su íntima unión con el Santo) celebran la fiesta de su patrono el 4 de octubre, pero para que no coincida con la de san Francisco, desde el siglo XIV la celebración de san Petronio pasó a otros días de este mes. Octavo obispo de Bolonia, Petronio dirigió la diócesis entre los años 431 y 450. Euquerio, obispo de Lyón, lo colocaba en el mismo nivel de san Basilio, san Ambrosio, san Hilario y san Paulino de Nola; y escribiendo al cuñado Valeriano en el 432 para que abandonara la carrera mundana y se dedicara al servicio divino, le ponía precisamente el ejemplo del celoso obispo de Bolonia.
Siguiendo el testimonio de Euquerio y hasta un poco incierto el de Genadio, que escribió hacia el 492, se ha logrado reconstruir un perfil biográfico del Santo suficientemente atendible. De noble familia, probablemente descendiente de la familia consular de Roma, o Petronia, ocupó varios cargos civiles. Parece que vivió mucho tiempo en Galia, en donde obtuvo varios grados de la magistratura civil, que después abandonó por una crisis religiosa y se dedicó al servicio de Dios. Ordenado sacerdote por el obispo de Milán, del que dependía Bolonia (hasta el siglo XIV san Ambrosio fue patrono de la ciudad), fue elegido para la sede episcopal hacia el año 431.
Una leyenda del siglo XII, con el propósito de exaltar la figura de un santo local hasta ahora muy poco venerado, afirma que Petronio, cuñado del emperador Teodosio II, enviado a Roma como delegado, fue nombrado obispo por el papa Celestino I y enviado a Bolonia a suceder a Félix, de cuya muerte había sido advertido en un sueño por san Pedro. El nuevo obispo fue acogido con júbilo por los habitantes de Bolonia, y él se dedicó inmediatamente a la reconstrucción de la ciudad destruida por orden de Teodosio I para castigarla por el asesinato de su legado. Reedificó todo un barrio, copiando el trazado de los lugares santos de Jerusalén y allí fue a vivir, reuniendo una comunidad de monjes contemplativos.
La reconstrucción de la ciudad fue obstaculizada por la correrías de los bárbaros, pero ello hace ver más claramente la capacidad de trabajo de este obispo, a quien los fieles quisieron honrar con una de las más grandiosas basílicas de la cristiandad. Esta basílica, que se encuentra en el corazón de la ciudad, le fue dedicada a él y su construcción comenzó en 1390 y duró varios años; de generación en generación fue embellecida por los pintores y escultores de mucha fama, desde Jacopo de la Quercia hasta nuestros días por Santiago Manzú.
En 1141 el obispo Enrique hizo el reconocimiento del sepulcro del Santo, cuya cabeza fue encerrada en un precioso relicario y después colocada en la basílica dedicada a él.


octubre 29


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