San Pablo, apóstol de los gentiles, que te apresuraste a destruir en Éfeso los escritos que podían turbar la mente de los fíeles; vela también hoy sobre nosotros. Tú ves cómo una prensa secularizada y sin escrúpulos se esfuerza por arrancarnos del corazón el precioso tesoro de la fe y de las sanas costumbres. Ilumina, apóstol san Pablo, la mente de los escritores para que desistan de perjudicar a las personas con sus doctrinas e interpretaciones equivocadas. Mueve sus corazones para que rechacen todo cuanto pueda perjudicar al rebaño elegido de Cristo. Y a nosotros concédenos que, dóciles a la voz del supremo Pastor, nunca fomentemos las lecturas nocivas, sino que leamos y difundamos las de contenido constructivo, que ayuden a todos a promover la gloria de Dios, la edificación de su Iglesia y la salvación de los hombres. Amén.