San Pablo, maestro de las gentes, mira con simpatía y con amor a esta nación nuestra y a todos sus habitantes. Tu corazón se ha dilatado para acoger y estrechar a todos los pueblos en el abrazo de la paz; que ahora, desde el cielo, el amor de Cristo te impulse a iluminar a toda la humanidad con la luz del Evangelio y a establecer el reino del amor. Suscita nuevas vocaciones, conforta a cuantos trabajan por el Evangelio y haz que todos los corazones sean dóciles al Maestro divino. Que nuestro pueblo descubra cada vez más a Cristo, Camino, Verdad y Vida; que brille en el mundo con la luz de su fe y busque siempre el Reino de Dios y su justicia. Apóstol santo, ilumínanos, fortalécenos y bendícenos. Amén.