Jesús de Nazaret fue célibe porque entendió que la misión que debía llevar a cabo requería grandes renuncias, aunque éstas fueran tan sagradas como el matrimonio. Dios no pide a todos que hagan tales renuncias. Pero sigue siendo cierto que todo proyecto, todo ideal, todo sueño, implica siempre grandes sacrificios y enormes desprendimientos. |