Las Pías Discípulas del Divino Maestro continúan en el tiempo y extienden en el espacio la vida y las obras de la primera discípula, la Virgen María, adaptándose al camino de la Iglesia y a la evolución de los tiempos (cf. Const. PDDM, 4). «Miembros vivos y dinámicos de la Iglesia, raíces profundas del gran árbol de la Familia Paulina, la nutren especialmente mediante la adoración eucarística perpetua. El culto a Jesús eucarístico, que constituye el centro dinámico y la fuerza unificadora de la vida y la misión de la Pía Discípula» (Const. PDDM, 78), se refleja luego en el servicio sacerdotal: «El sacerdote es como otro Jesús; la Pía Discípula, otra María. Jesús y María estuvieron unidos en la vida, en el trabajo, en el sacrificio; lo mismo ha de ser para el sacerdote y la Pía Discípula... Acompañaréis al sacerdote en el sacrificio y con él compartiréis el pan eucarístico. Rezaréis para que surja el sacerdote, lo acompañaréis en la vida, lo asistiréis en la enfermedad, lo seguiréis hasta la muerte y aun después de la muerte» (P. Alberione). En su misión se incluye también el apostolado litúrgico. La Pía Discípula estudia, prepara y difunde todo lo que sirve para el culto sagrado, para alimentar la piedad de los fieles y para anunciar a Cristo Maestro a quienes no lo conocen (Const. PDDM, 94).
Las tres dimensiones del apostolado (eucarístico-sacerdotal-litúrgico) de la Pía Discípula constituyen una unidad indivisible, ya que su única fuente y fundamento es la persona de Jesús divino Maestro, camino, verdad y vida en la totalidad de su misterio (Const. PDDM, 75). |