Leyendas tejidas alrededor de este popularísimo Santo, cuya imagen presentan todos los años los comerciantes vestido de “Papá Noel” (Nikolaus en Alemania y santa Claus en los países anglosajones), un rubicundo anciano de barba larga y blanca, y con un costal lleno de regalos a la espalda.
Su culto se difundió en Europa cuando sus presuntas reliquias fueron llevadas de Mira por 62 soldados bareses y colocadas con grande honor en la catedral de Bari para evitar que fueran profanadas por los turcos. Era el 9 de mayo de 1087.
En la Leyenda áurea se lee: “Nicolás nació de ricas y santas personas. Cuando lo bañaron el primer día, se paró solito en la tina...”. Era un niño de excelente salud y ya inclinado a la ascética, pues, como añade la Leyenda, el miércoles y el viernes rechazaba la leche materna. Ya más grandecito, “rehusaba las diversiones y las vanidades y frecuentaba la iglesia”.
Se narra también que, invocado por algunos marineros durante una furiosa tempestad en el mar, él se les apareció y la tempestad cesó inmediatamente. En efecto, parece que con los marineros tenía cuenta abierta: durante una carestía había obtenido de una nave llena de trigo una buena porción para sus fieles; después, cuando los dueños controlaron el contenido de la nave, encontraron que todo el trigo estaba completo.
En la Edad Media las comedias y los juegos tuvieron como protagonista al santo Taumaturgo. Hoy, aun bajo los falsos vestidos de “Papá Noel”, san Nicolás nos recuerda el gran mandamiento del amor. |