Nació en Nimega, Holanda, en 1521, puede ser definido como un hierro colocado entre el yunque y el martillo, es decir, blanco de la irritación que su clara predicación suscitaba en los ambientes protestantes, y de la malevolencia que la envidia le procuraba entre sus mismos compañeros de religión. Hijo del alcalde de Nimega, Pedro Kanijs, latinamente Canisius, tuvo la posibilidad de frecuentar óptimas escuelas, derecho canónico en Lovaina y derecho civil en Colonia.
En esta ciudad le gustaba pasar el tiempo libre en el monasterio de los cartujos. Nadie sospechaba que el joven abogado, al que el padre le había garantizado apoyo en su profesión, llevara debajo del vestido un cilicio. La lectura del breve opúsculo de los Ejercicios Espirituales que hacía poco había escrito san Ignacio determinó el cambio decisivo de su vida
Vivió en pleno clima de Reforma y Contrarreforma. Tomó parte activa en el concilio de Trento, como teólogo del cardenal Truchsess y consejero del papa. Se distinguió por la profundidad de su cultura teológica, por su celo y actividad, pero también por el espíritu conciliador. San Ignacio lo llamó a Italia, luego lo envió primero a Sicilia a fundar el primero de los famosos colegios, después a Bolonia a enseñar teología, para volverlo a enviar a Alemania, en donde durante treinta años, como superior provincial, empleó sus mejores energías en una época tan difícil por la ruptura causada por la reforma protestante. Se lo llamó con razón segundo apóstol de Alemania Murió en Friburgo (Suiza) el 21 de diciembre de 1597. Fue canonizado en 1925 y al mismo tiempo declarado doctor de la Iglesia. |