Es uno de los papas que han tenido un pontificado más largo: Según Eusebio de Cesarea, él fue Papa del 202 al 218-219, y Según el Catálogo liberiano del 198 al 217. A estos muchos años de pontificado debemos lo poco que se sabe con seguridad de san Ceferino, y es un detalle muy importante, porque los tiempos en los cuales ejerció su pontificado no eran ciertamente tiempos muy tranquilos. En efecto, durante su pontificado estalló la persecución de Settimio Severo.
El mismo Tertuliano con su desdén polémico sostiene que particularmente en África no se practicaba la misma tolerancia. Y en todo caso, esa tolerancia terminó en todo el imperio hacia el 200-202, y fue un explícito edicto de Settimio Severo el que prohibió “bajo pena grave, cualquier propaganda judía, y tomó la misma decisión respecto de los cristianos”, como afirma la Historia Augusta.
San Ceferino puede ser considerado mártir, como dice el cardenal Baronio (y también el Martirologio Romano) “de su arbitrio y contra toda la tradición que siempre veneró a san Ceferino como confesor”. Pero aunque no haya habido persecuciones, san Ceferino no tuvo un pontificado fácil. Tuvo que afrontar los problemas dogmáticos de los adopcionistas y de los modalistas, que tenían un concepto errado de las relaciones entre el Padre y el Hijo, y volvió a recibir en la Iglesia, pero reducido al estado laical, al prebístero Natal, que se había adherido al adopcionismo. San Ceferino fue sepultado en las catacumbas de San Calixto, en un edificio “sub divo”, en donde después fue sepultado también san Tarsicio (o san Tarcisio). |