Santa Erminia y santa Adela tienen muchas cosas en común: ambas están unidas al florecimiento del cristianismo en el corazón de Alemania durante la misión de los dos grandes apóstoles, Vilibrordo y Bonifacio, que respectivamente apoyaron su obra material y espiritualmente. Ambas fueron fundadoras de monasterios, de los que fueron abadesas. A ambas se les festeja el 24 de diciembre. Con estas premisas era inevitable que algún piadoso biógrafo encontrase otros puntos en común, inventando un parentesco natural poco probable.
Las dos Santas no sólo serían hermanas, sino que su padre sería nadie menos que san Dagoberto, rey de Austrasia. Son noticias inaceptables, porque el documento en el que se basó el biógrafo (la carta de Dagoberto del 646) resultó que era falsa. En todo caso, hay documentos auténticos de los que se puede obtener el perfil biográfico de Erminia. La muerte de santa Erminia tuvo lugar probablemente en el 708, casi 20 años antes de la muerte de santa Adela de Pfalzel, unida al nombre de otro grande apóstol de Alemania, el inglés san Bonifacio. Este predicó el Evangelio en Frisia, en la primera mitad del siglo VIII. Durante uno de sus frecuentes viajes de Frisia a Renania, el infatigable misionero fue huésped del monasterio de Pfabzel, cerca de Tréveris, del que Adela era abadesa.
La tradición afirma que esta Santa cuando quedó viuda, entro al monasterio fundado por ella misma, y llevó consigo al sobrinito Gregorio. Durante la permanencia en el monasterio, Bonifacio habló tan bien de las verdades evangélicas que el muchacho, admirado, quiso seguirlo. Llegó a ser uno de los más celosos discípulos del gran misionero. Es un rayito de luz sobre la nebulosa historia de esta Santa, cuyo recuerdo está unido al de santa Erminia, más por la santidad que no por la parentela. |