El tema que trataba con más frecuencia y con más fuerza, en sus vibrantes homilías, era el de la caridad, de la ayuda a los hermanos necesitados. Dirigiéndose a un interlocutor ideal, decía: “¿A quién he perjudicado, dices tú, conservando lo que es mío? Dime, sinceramente, ¿qué te pertenece? ¿De quién recibiste lo que tienes? Si todos se contentaran con lo necesario y dieran el resto a los pobres, no habría ni ricos ni pobres”. Pero no se contentaba sólo con palabras: en las puertas de Cesarea dio vida a una auténtica ciudad de la caridad con hospicios, orfelinatos, hospitales, laboratorios y escuelas artesanales.
De san Gregorio Nacianceno se dice que nació en el mismo año de san Basilio, en el 330, y murió unos diez años después de su amigo, que murió en el 379. Fue un hombre de estudio y poeta, que por su eximia doctrina y elocuencia mereció el apelativo de “teólogo’. En sus Poemas morales decía: “Todo es inestable, para que amemos las cosas estables”. Se retiró a Nacianzo, donde murió el 25 de enero del año 389 ó 390. |