El viernes santo de 1845 fue uno de los días más importantes para la historia de la arqueología. En efecto, ese día, caso único más que raro, se tuvo la fortuna inesperada de encontrar intacta la tumba de un santo mártir que tenía esta inscripción: “DP III IDUS SEPTEBR YACINTHUS MARTYR”. Con este excepcional descubrimiento finalmente se podía conocer lo que había sucedido en realidad con las reliquias de dos santos muy populares, los santos Proto y Jacinto. Desde hacía siglos, efectivamente, se creía que las reliquias de los dos santos se encontraban en Roma en la iglesia de San Juan de los Florentinos, pero ahora se descubre la tumba todavía intacta y sellada de san Jacinto, en la catacumba de Bassilla, al oeste de la vía Salaria nueva. Cerca se encontró un fragmento de lápida con esta inscripción: “sepulcrum Proti M.”, confirmándose así que la tumba de san Proto estaba cerca. Y pronto los estudiosos pudieron darse cuenta de por qué sus predecesores llevaron a la ciudad sólo los restos de san Proto. En efecto, tan pronto se trató de penetrar en la estrecha tumba de san Jacinto, esta se derrumbó deplorablemente y sólo se pudo rescatar en el fango un poco de huesos que parecían quemados y un hilo de oro, que era lo único que quedaba de la tela en la que los habían envuelto. Las preciosas reliquias fueron llevadas devotamente al colegio de Propaganda Fide, y los estudiosos, al ver confirmada tan indudablemente la existencia de los santos mártires Proto y Jacinto, tuvieron que reconocer una vez más lo infundado de la Passio de Eugenia, sobre la que ya se tenían muchas dudas. Desaparecen también las dudas respecto del parentesco entre Proto y Jacinto. Probablemente, debido a la cercanía de la sepultura, se pensó en dicho parentesco (lo mismo que sucedió con Felix y Adauto, Nereo y Aquileo y muchos otros). Mucho menos se podía aceptar ya que ellos habían sido los eunucos de una tal Eugenia, hija del prefecto de Alejandría, que los nombró catequistas de una virgen de sangre real, Bassilla, que quería hacerse cristiana: este particular, en efecto, se encuentra en otros casos semejantes (por ejemplo, eunucos-catequistas fueron considerados Calogero y Partenio o Juan y Pablo). Aunque se ignora todo respecto de su vida y la forma de su martirio, ciertamente Proto y Jacinto fueron mártires y como tales los veneramos. |