Dos siglos antes de que el Pobrecito de Asís celebrara sus bodas con la Señora Pobreza, otro santo menos conocido había descubierto el peligro que corren las almas por causa del dinero, aunque se lo revista con nobles intenciones, como el deseo de ayudar con limosnas a los más necesitados. Se trata de Guy Anderlecht, que una incierta cronología lo coloca en los años 950-1012. Su primer biógrafo, que escribió en el año 1112, con ocasión de la exhumación de sus reliquias, dice que era hijo de campesinos de la región belga de Brabante. Manso y generoso, Guidon demostró desde muy joven su desapego de los bienes terrenos, dando todo lo que tenía a los pobres. Deseoso de una vida ascética, abandonó la casa paterna y en Laken, cerca de Bruselas, se dedicó a hacer de sacristán para ser útil al prójimo y al mismo tiempo para entregarse a la oración y a las prácticas de las virtudes cristianas. A un cierto punto, no por deseo de ganancia, sino para organizar un fondo para los pobres, se dedicó al comercio. No fue una elección feliz, porque la primera nave que logró armar se hundió en el Sena con todo el cargamento. Para Guidon fue una advertencia del cielo, no porque la profesión del comerciante sea contraria a las leyes del Señor, sino porque él había preferido el camino más común en vez del más difícil hacia la perfección. Entonces Guidon vistió el hábito de peregrino y durante siete años recorrió los largos e inseguros caminos de Europa para visitar los más grandes santuarios de la cristiandad. Fue a Roma y luego continuó hacia Tierrasanta. De regreso de la larga peregrinación, fatigado y enfermo, fue hospedado por un sacerdote de Anderlecht, un pueblito cerca de Bruselas, del cual tomó el nombre y en donde murió poco después, sin dejar un recuerdo particular. En efecto, su tumba quedó en el olvido durante mucho tiempo, pero por muchos prodigios que sucedieron se refrescó el recuerdo del Santo: entonces se le dedicó una grande iglesia en donde reposan sus restos. Y la devoción a san Guidon se fue difundiendo en el transcurso de los siglos. Así, bajo la protección del humilde sacristán, hijo de campesinos, se pusieron los agricultores, los sacristanes, los zorreros. San Guidon protege los establos, las escuderías y sobre todo los caballos, que durante la fiesta anual en Anderlecht son bendecidos al final de una solemne procesión folclorística. Porque parece que murió de disentería, invocan su nombre los que sufren de esta enfermedad. |