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SEGUNDA CARTA A LOS CORINTIOS

INTRODUCCIÓN

La segunda carta a los Corintios es el reflejo más fiel del Apóstol. En ella aparece como místico y hombre de acción, teólogo y misionero, fundador y organizador, roturador y cultivador, polemista y apóstol, orador y contemplativo. Los mismos contrastes se observan en su temperamento: orgulloso y humilde, audaz y tímido, tranquilo y apasionado, enérgico y cortés, afectuoso y sarcástico.

Ninguna comunidad cristiana causó tantos sinsabores, sudores y lágrimas al Apóstol como la de Corinto. En su riqueza de carismas y vida espiritual estaban las raíces de sus múltiples problemas. Para empezar, la actividad misionera de Pablo en Corinto duró en torno a los dos años y medio en total. Posteriormente, e incluso simultáneamente, a esta relación personal, tuvo que surgir la epistolar. Las dos cartas a los Corintios que se nos conservan constituyen sólo una parte de la correspondencia mantenida por Pablo con los cristianos de Corinto. Al menos debió escribirles cuatro cartas: la carta A) es anterior a nuestra primera. Se hace alusión a ella en 1Co 5,9: «os escribí en carta...»; la carta B) es la primera de las dos que conservamos. Pero esta carta no resolvió todos los problemas. Su categoría de «apóstol» seguía siendo discutida, por la cizaña que habían metido y seguían metiendo los predicadores hostiles a Pablo, al estilo de lo ocurrido en Galacia. Ante esta situación, se decide a ir personalmente a Corinto. Es lo que se llama visita intermedia (2Co 2,1). Pero la situación no mejoró gran cosa. Posteriormente envía a Tito con una carta personal, la carta C), conocida como la carta de las lágrimas (2Co 2,4-9; 7,8ss). La presencia de Tito con la carta C) parece haber arreglado las cosas. La autoridad del Apóstol volvió a ser aceptada. Al poco tiempo vuelve a enviar a Tito, con dos hermanos no mencionados por su nombre (2Co 8,16ss) y ellos son los portadores de la carta D), que es precisamente nuestra segunda a los Corintios.

Nuestra carta se divide claramente en tres partes: presentación y defensa del ministerio apostólico (1,12-7,16); la colecta (cc. 8-9); la apología polémica (cc. 10-13).

La actualidad de esta segunda carta a los Corintios debe verse en que, más allá de las situaciones concretas, llegan hasta nosotros los principios iluminadores de la vida y del ministerio apostólico. Difícilmente pueden decirse cosas más bellas y profundas que las que aquí encontramos sobre la cuestión. Se destaca la necesidad que deben sentir los creyentes de identificarse con el mensaje recibido y en el que creen. Se acentúa la exigencia de la docilidad a Dios y, al mismo tiempo, la aceptación de la tradición de la Iglesia y la sumisión a la autoridad apostólica. La carta es sumamente útil para el conocimiento de los orígenes cristianos, que no fueron tan ideales como Lucas nos los pinta en los Hechos.




 
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