Esta segunda carta a los de Tesalónica presupone la primera (2,2.15; 3,14) y es muy similar a ella en el estilo y en el contenido. Después del encabezamiento, viene una acción de gracias a Dios por la valentía con que se han mantenido en la fe a pesar de las dificultades. Las persecuciones les harán dignos del reino. La intención principal de la carta es corregir una excesiva preocupación por la parusía o segunda venida del Señor: el día del Señor todavía no ha llegado; primero tiene que manifestarse la apostasía y el impío; el impío ya está en acción, pero hay un obstáculo que le impide manifestarse; después de su manifestación será destruido (2,1-12). Sigue una acción de gracias con la incitación a la perseverancia. De repente se interrumpe el tono suave de la carta y se vuelve bruscamente contra los holgazanes, a los que dirige la célebre frase «el que no trabaje que no coma» (3,6-16).
De la primera carta nadie duda que sea de Pablo. Las razones aducidas para cuestionar la paternidad paulina de la segunda son las siguientes: 1) una excesiva semejanza con la primera. No era ésa la costumbre de Pablo; más que tener las ideas en la cabeza para escribirlas, hace suponer que el autor tuvo delante la primera carta. Por otra parte, el desarrollo de los signos anunciadores de la parusía (2,1ss), ausentes en la primera carta, no pertenece al estilo ni encaja dentro de las preocupaciones del Apóstol. Ninguno de los dos argumentos es convincente para excluir la paternidad paulina. Y no se olvide el acento que pone en el saludo final (3,17). La carta parece haber sido escrita pocos meses después de la primera. |