1. Ocasión. San Pablo, prisionero de nuevo en Roma, ve acercarse el día en que deberá rubricar con su sangre el evangelio que ha predicado y dejar las cristiandades por él fundadas en manos de sus discípulos. Se encuentra solo en la prisión y va a dirigir su último escrito a su querido colaborador Timoteo, que tendría que soportar duras luchas para conservar intacta la fe de sus cristianos frente a falsas doctrinas que podrían ponerla en peligro. Por ello le dirige esta carta, que viene a ser el testamento de Pablo, en la cual le inculca una perseverancia inquebrantable y le da oportunas instrucciones para combatir las falsas doctrinas. Pero no satisfecho con las instrucciones por carta, quiere hablar personalmente con él, por lo que le indica que apenas reciba la carta vaya a Roma, llevándose consigo a Marcos.
2. Contenido. Comienza con un afectuoso saludo y una sentida acción de gracias (1,1-5). Sigue la primera parte (1,6-2,3), en la que san Pablo exhorta a Timoteo a luchar abnegadamente por el evangelio, poniendo ante sus ojos los motivos que deben inducirlo a ello: la ordenación, el ejemplo de Pablo y sobre todo el de Cristo. En la segunda parte (2,14-4,5) le da instrucciones sobre el modo de combatir a los falsos doctores, presentes y futuros, a quienes ha de confundir con la predicación de la verdad y el ejemplo de una vida santa. El epílogo (4,6-22) contiene la más bella apología de un apóstol y los saludos de costumbre. |