Nuestro auténtico compromiso como cristianos es el de responder al llamado que Dios nos hace para conservar y desarrollar la vida de los niños. Ningún esfuerzo se debe escatimar para que nuestros niños sean felices, vivan con alegría, sean capaces de recibir y dar ternura, disfruten de ambientes sanos, reciban una educación adecuada, amen su patria, estén orgullosos de sus raíces y respeten las diferencias de sus semejantes. |