El cristianismo tiene suerte inmensa. Posee el rumbo esencial: Jesucristo.
Quien todos los días, y sus posibilidades, toma la decisión de consagrar un momento a su relación con Dios en la persona de Jesús, emprende el camino del equilibrio humano, de la lucidez, de la alegría, de la esperanza, entre los dolores y las dificultades del mundo.
La vida de oración es comunión con Dios y con los demás, y par vivirla ofrecemos en estas páginas algunos esbozos de meditación y de toma de contacto con Aquel que es el Camino, la verdad y la vida. |