Claudia, muere de cáncer a los 19 años, Silvia, deja sus 25 años bajo una moto… Es difícil aceptar la muerte, sobre todo, la de los jóvenes. Una impetuosa ansia de vivir que se apaga como una llama alcanzada por un baldado de agua helada. Después de la desaparición, viene el vacío, los consuelos ilusorios, o quizá, una búsqueda de sentido a la luz de la Palabra de Dios. Si hay un Occidente donde muere el sol, también hay siempre un Oriente pronto a hacerlo resurgir. |